Una de cal y una de arena. México, que ha legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo en su Distrito Federal, comienza a ser escenario de bochornosas ofensivas por parte de la Iglesia Católica.

Hay cosas que lamentablemente no cambian con los años. Si entraron a punta de espada en todos los confines de Occidente hace 2.000 años para someter a la humanidad a su dudoso dogma, no van a bajar los brazos justo ahora ¿verdad?

La Iglesia Católica se desmorona por todos los costados. Lleva más de medio siglo perdiendo la sangre que en un momento supo llevarla a la gloria: sus fieles. Se ha tornado una vieja Institución. Es como una vieja gorda, con ruleros, a la que nadie escucha, de la que pocos se acuerdan. Se ha transformado en la institución, que autoproclamándose vocera de Dios, no puede salir de su oscura corrupción, degeneración, y criminalidad.

Luego de las declaraciones del Monseñor Javier Lozano Barragán, con la condena de no entrar al Reino de los Cielos, que provocó algunos que otros revuelos, la Iglesia Católica de México vuelve a dar que hablar.

En esta ocasión, nos deleitan con una columna en el semanario “Desde la Fe” publicado por la Santísima Arquidiocesis de México, donde se exponen muy serias razones para estar en contra de la adopción de niños por parte de parejas homosexuales. Así, Dos Manzanas publica citando el artículo:

“por bien intencionados que fueran unos ‘papás’ homosexuales, su solo estilo de vida afectará de muchas maneras al niño. Si dice: ‘de grande quiero ser como mi papá’, ¿a qué se referirá?, ¿a usar falda, maquillarse, invitar a otros hombres a dormir con él? (…) Por otra parte, no se puede dejar de mencionar la grave posibilidad de que una pareja de homosexuales desee adoptar niños con el perverso propósito de usarlos para pornografía infantil, abuso sexual, prostitución, etcétera”.

 

La Iglesia Católica insiste en que los homosexuales tienen una naturaleza perversa, enfermiza, inmoral…. como si sus clérigos no habrán abusado niños, o no han estado involucrados en delitos de pornografía infantil. Y luego pretenden deshacerse de la responsabilidad criminal que les compete pidiendo disculpas públicas por esos crímenes a los que han avalado con prácticas, discursos y silencios inteligentemente callados.

Pero eso no lo es todo. Para continuar con el carnaval de vergüenza homofóbica de la cual son caravana, anteponiendo dogmas, que más allá de todo, son muy respetables, pero que no deben interferir en el debate público, sino que deben guardarse de la puerta de la Iglesia para adentro, el Arzobispo de México Norverto Rivera Carrera, ha publicado el 21 de diciembre un comunicado, donde manifiesta el pesar que siente la Iglesia con la aprobación de la ley. (leer). No deja de sorprender, como se amparan en supuestas “leyes naturales” que no constituyen más que una ficción. Y hasta es vergonzoso como hablan de “continuidad de la especie” y “realidades científicas”, cuando han sido los primeros en vaticinar el apocalipsis cuando Darwin publicó su teoría.

Argumentos con olor a naftalina, eso es lo que esgrimen. Una moral de cartón, que levantan como santa bandera, cuando su propio Vaticano está manchado de crimen, mientras su propia Iglesia no deja de ser una fábrica de pedófilos y violadores, que intentan tapar con sotanas negras, como el mismo pasado que los condena.

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